“Mi opinión es clara y va en dos planos: El político real y el simbólico”.

Por Javier Zapata.

En lo político, la frase de Pavel no es inocente, aunque él la quiera matizar como “bote pronto”. En política, nadie habla de bote pronto cuando menciona nombres propios. Al decir “si es mujer, Geraldine; si es hombre, Pavel”, reduce la discusión a un binomio cerrado, anticipando escenarios y enviando mensajes internos muy claros: hay cuadros “preferidos” y hay otros que, de entrada, quedan fuera del radar.

Eso tensa innecesariamente el ambiente rumbo a 2027, porque:
• Adelanta la sucesión, sin que legal ni políticamente sea el momento.
• Debilita el discurso de piso parejo y de procesos internos democráticos.
• Coloca a las personas mencionadas en el centro del desgaste prematuro.

En lo simbólico, la frase es aún más delicada. Simplifica la posible aplicación de la paridad de género a una lógica casi automática, como si la decisión no debiera pasar por trayectorias, resultados, legitimidad social y contexto, sino solo por el sexo de la candidatura. Eso no fortalece la paridad; la trivializa.

Además, manda un mensaje preocupante:
“El futuro ya está decidido entre pocos”, justo cuando la ciudadanía está cansada de calles destrozadas y servicios colapsado, quejas aniquiladas, acuerdos cupulares, herencias políticas y decisiones verticales.

Pero el problema de fondo va más allá de una frase. El problema es Morena como partido, que hoy parece avanzar con un rumbo impuesto, como yegua de hacienda: con rienda corta, dirección única y sin escuchar al entorno. Un partido que nació para romper con el viejo régimen corre el riesgo de reproducirlo, ahora con otros nombres y otros discursos.

La pregunta obligada es si esos perfiles que hoy se perfilan por cercanía, por control interno o por cálculo político, son realmente los y las preparadas para gobernar, capaces de resolver las necesidades primarias de las y los nayaritas:
seguridad, salud, empleo, servicios públicos dignos, combate real a la corrupción y un gobierno que no viva de la simulación.

Porque gobernar, no es administrar el poder, ni repartir cargos. Gobernar es dar resultados, y hasta hoy Morena no ha sido claro ni transparente sobre qué requisitos, evaluaciones o garantías deben cumplir quienes aspiran a gobernar Nayarit.

En resumen:
• No fue una frase casual.
• No fue políticamente prudente.
• Sí fue un globo de ensayo.
• Y sí abrió un debate que, aunque temprano, ya exhibe las tensiones internas, el favoritismo y las ambiciones desbordadas rumbo a 2027.

“La verdadera pregunta no es si será mujer u hombre”.

La verdadera pregunta es;

¿Morena está dispuesto a postular perfiles capaces, honestos y con resultados reales, o impondrá candidaturas que respondan al poder interno antes que a las necesidades del pueblo de Nayarit?

Ahí está el dilema.
Y ahí también comienza la responsabilidad política.

zapata.nayarit@gmail.com

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